La Tragedia de lo Común

Trump, comercio, xenofobia y vendettas

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trumpIntroducción

Para el crítico literario Henry Louise Mencken un demagogo es alguien que predica doctrinas que sabe falsas a hombres que sabe idiotas. En primera instancia, y atestiguando el asenso súbito, sorpresivo e imparable de Donald Trump, esta afirmación parece tan vigente como correcta. Pero me voy a atrever a discernir con uno de los críticos literarios más influyentes del Estados Unidos de mediados del XX. Las propuestas de Trump por supuesto son absurdas y brutalmente peligrosas, pero eso no quiere decir que su resonancia y éxito entre amplios sectores de EE.UU. no provengan de problemáticas reales y agravios legítimos. Es en esta legitimidad dónde las propuestas del futuro candidato del Partido Republicano deben de preocuparnos y acaparar nuestra atención; porque nos hablan de un modelo de globalización económica predatorio y abyecto y sobre una falla histórica del Estado para garantizar protección y bienestar a las clases trabajadoras de Estados Unidos. Este último punto además puede aplicar a otros países y darnos importantes advertencias sobre pregoneros de demagogia doméstica como Andrés Manuel López Obrador. Empecemos por analizar las propuestas de Trump en materia de comercio global, sus inconsistencias y su peligrosa inviabilidad.

 Comercio, xenofobia y vendettas

Como en todo su discurso y plataforma de propuestas, las medidas que Trump plantea en materia de comercio internacional están plagadas de una xenofobia recalcitrante. Para el futuro candidato del Partido Republicano otros países se han aprovechado al momento de comerciar con Estados Unidos, estableciendo tarifas arancelarias a productos gringos, devaluando sus monedas y llevándose empleos de su país. Para hacer frente a esta traición Trump propone un impuesto del 20% a todas las mercancías importadas a EE.UU.

En junio de 2015 Trump criticó un anuncio hecho por la empresa de automóviles Ford que informaba de una inversión de $2,500 millones de dólares para establecer una planta de ensamblaje y de refacciones en México. Al respecto la estrella de reality tv dijo que le impondría a dicha empresa automotriz impuestos del 35% sobre sus ventas en Estados Unidos[1]. Esto ha llevado a diversos analistas a interpretar que el inevitabilis candidato presidencial favorece un impuesto del 35% a las importaciones provenientes de México.

Aunado a esto ha propuesto un impuesto de 45% a bienes provenientes de China[2], lo que afectaría profundamente la capacidad de consumo de los sectores más empobrecidos de Estados Unidos privándolos de los productos de bajo costo a los que destinan la mayor parte de sus ingresos. Un estudio realizado por las Universidades de Columbia, California y Los Angeles estimó que, de cerrarse completamente al comercio global, los ingresos medios de EE.UU. perderían 29% de su capacidad adquisitiva y los ingresos más bajos hasta 62%.

Pero ese sólo sería un efecto negativo limitado a EE.UU. Las barreras arancelarias propuestas por Trump podrían desencadenar una guerra comercial internacional, en la que los productos provenientes de China destinados a la primera potencia global se devaluarían exponencialmente y serían exportados a otros países. Este escenario llevaría a una adopción colectiva de barreras comerciales que podrían detonar otra recesión global.

Aunque esta amenaza lleve a interpretar dichas propuestas como inaplicables la historia nos advierte que una situación similar ya ocurrió. En 1930 el Congreso norteamericano aprobó la Ley Smoot–Hawley que estableció barreras arancelarias record para 20,000 productos importados. A la fecha existe un consenso entre la mayoría de los economistas que esta ley, presentada por los congresistas Reed Smoot y Willis C. Hawley, redujo las exportaciones e importaciones estadounidenses por arriba del 50%, lo que contribuyó de manera importante a la gravedad y duración de la Gran Depresión[3].

Trump argumenta constantemente que con estas medidas recuperará empleos que Estados Unidos ha perdido ante sus deshonestos socios comerciales. Para el Director General de la corredora de bolsa Euro Pacific Capital Peter Schiff, las medidas arancelarias extremas propuestas por Trump están totalmente fuera de contexto, ya que este tipo de acciones sólo funcionan “cuando tienes una industria a la cual proteger” y detalla que si esos sectores productivos ya abandonaron el país, implementarlas sólo generaría una escalada de precios a nivel nacional[4].

Otro ámbito en el que el virtual candidato del Partido que llevó a Abraham Lincoln a la Presidencia de Estados Unidos ha hecho declaraciones falsas y amenazantes es el de la balanza comercial gringa con sus principales socios comerciales. Para Trump una escalada tarifaria internacional es una amenaza menor si se consideran las “pérdidas de EE.UU.” por la balanza comercial con México por $58 mil millones de dólares (una cifra correcta) y con China por $500 mil millones de dólares[5] (una cifra inflada a conveniencia).

Lo que resulta falaz de este argumento es que ignora totalmente lo que es un déficit en la balanza comercial; que es la diferencia entre el valor de los bienes que un país vende al exterior y el de los que compra a otras naciones.

Para ponerlo en números en 2015 Estados Unidos adquirió $294 mil millones de dólares de bienes producidos en México, mientras que nuestro país consumió $236 mil millones de productos de EE.UU. Si restamos esas cantidades nos da como resultado los $58 mil millones de dólares de los que habla Trump. El problema reside en que esta cantidad no la pierde Estados Unidos con México, son simplemente productos que los norteamericanos demandaron de nuestro país. Un déficit en la balanza comercial no representa una estafa de una nación a otra.

Pero este discurso además de peligroso, manipulador e hipócrita también denota una profunda ignorancia[6] con respecto a los lazos comerciales que unen a México y a Estados Unidos. La integración de las cadenas productivas entre ambos países es compleja y, en varios casos, han tendido a una codependencia. Por ejemplo entre 2009 y 2014, Estados Unidos adquirió $341 mil millones dólares de automóviles y refacciones provenientes de México. De este total 40% de los insumos ($136 mil millones de dólares) fue adquirido por parte de México a Estados Unidos para el proceso de fabricación[7].

Este fenómeno de integración es conocido como producción compartida y significa que los países que integran el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no sólo comercian entre ellos, sino que producen bienes conjuntamente[8]; de acuerdo al Mexico Institute del Wilson Center 40% de los insumos utilizados en la producción de las importaciones norteamericanas provenientes de México proceden originalmente de Estados Unidos.

La Cámara de Comercio de Estados Unidos estima que 14 millones de empleos estadounidenses dependen de la relación comercial con México. La concepción de Trump del comercio global cómo una trama de traiciones y venganzas representa un riesgo muy grave para Estados Unidos y el mundo entero.

Cómo hemos visto, motivos sobran para que el discurso y las propuestas del candidato presidencial sean desechadas por delirantes e inaplicables, sin embargo esto no ha ocurrido ¿por qué propuestas como éstas pueden tener validez para un sector del pueblo estadounidense? La respuesta reside en una faceta predatoria de la globalización. 

El comercio, las consecuencias y los olvidados

Desde la década de los ochenta la economía norteamericana comenzó un proceso de apertura a las importaciones de países más pobres. Este proceso se aceleró con la formalización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que entró en vigencia el 1° de enero de 1994. Entre 1993 y 2013 las importaciones provenientes de México hacia EEUU se quintuplicaron.

Otra fecha clave de este proceso fue el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) el 11 de diciembre de 2001. Entre el 2000 y el 2015 las importaciones chinas de productos baratos aumentaron de 1 a 2.7%. Este crecimiento se debió a que el ingreso del gigante asiático a la OMC imposibilitó a Estados Unidos imponer tarifas arancelarias a sus productos. La entrada a la OMC de China generó certidumbre y con ello el mercado norteamericano fue inundado por sus manufacturas.

Esta apertura trajo beneficios, en particular para los estratos con menores ingresos. De acuerdo un semanario británico The Economist el comercio entre China y EE.UU. representó un ahorro de $250 dólares para cada norteamericano entre 2001 y 2008. La apertura también posibilitó el acceso a nuevos mercados para las empresas estadounidenses, una prueba de ello es que la exportación de autopartes de EE.U.U a México aumentó de $10 mil millones de dólares en 1993 a $70 mil millones en 2013. Las exportaciones norteamericanas a China aumentaron 200% entre 2005 y 2014.

La apertura gringa al comercio global ha consolidado a un sector exportador en Estados Unidos que genera ingresos por arriba de la media nacional y ha permitido especializarse en sectores productivos de alta tecnología con valor agregado. Sin embargo estas son las consecuencias positivas de la apertura comercial, pero no es la totalidad de lo ocurrido. Los beneficios del comercio global han representado pérdidas muy palpables y traumáticas para las clases trabajadoras norteamericanas, particularmente las que habitan en el Rust Belt (“Cinturón de Óxido”); la región histórica de la industria gringa que ocupa el área desde Nueva York hasta Illinois y Wisconsin[9]. Estos efectos perniciosos del comercio también han azotado a amplios sectores del sur de Estados Unidos.

Estas consecuencias apenas empiezan a integrarse al análisis académico en materia económica. Un modelo elaborado por Paul Krugman, un economista de la Universidad de Princeton, demostró que el comercio con países pobres disminuyó los ingresos de la mano de obra no cualificada en 10% en 2011. El comercio no sólo ha representado una pauperización de los ingresos de las clases trabajadoras en Estados Unidos, también les ha costado la pérdida de sus empleos.

Se estima que entre 2000 y 2007 la irrupción de las importaciones chinas en el mercado norteamericano llevó a la pérdida de entre 188 mil y 484 mil empleos estadounidenses. Desde 1994 a la fecha se han perdido 30% de los empleos gringos en el sector automotriz y los estudios más recientes demuestran que los empleos perdidos al comercio internacional no son remplazados[10]. Todo parece indicar que la falta de especialización y el aumento de los compromisos a la vivienda por la expansión hipotecaria condena a varios trabajadores de la mermada industria de Estados Unidos a quedarse en sus lugares de origen sin la posibilidad de encontrar un nuevo empleo.

Se estima que entre 1999 y 2011 Estados Unidos perdió 6 millones de empleos dedicados a la manufactura[11].

Este fue uno de los grandes aciertos de Trump en la campaña: generar un discurso en extremo accesible y xenófobo que apelaba al fracaso del comercio internacional entre los sectores olvidados por la inercia de la globalización[12]. Además los otros candidatos del Partido Demócrata y del Republicano se pronunciaron en contra de los tratados de comercio internacionales, destacando particularmente Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés). Esto significa que los efectos negativos del comercio han trascendido a los sectores directamente afectados y se han convertido en problemática de la agenda política de Estados Unidos.

A esto se suma que los beneficios del comercio global son menos tangibles que las vidas que afecta y las ciudades decadentes en estado de abandono que genera. Trump es la respuesta más extrema, delirante y peligrosa; y sus propuestas terminarían afectando profundamente a estos sectores que el comercio entre naciones olvidó.

Y como se ha argumentado el comercio internacional trae consigo grandes beneficios y dependencias que simple y llanamente resultan irrenunciables (no sin graves consecuencias). Si la inercia arrolladora de la libertad económica de la globalización está afectando a sectores de la población de un país, el Estado debe de intervenir eficientemente para apoyarlos ante la competencia de otros países. Pero este apoyo debe empoderar a los individuos dignificándolos con trabajo y reviviendo sus lugares de origen (las imágenes de Detroit cayéndose a pedazos son desoladoras: link). El problema es que esto no ha ocurrido en EE.UU.

El Trade Adjustment Assistance (TAA) es un programa de asistencia para trabajadores que han perdido sus empleos a causa del comercio internacional. El programa, que ha costado más de $3 mil millones de dólares entre 2010 y 2013[13], no ha resultado efectivo. Prueba de ello es la pérdida de puestos de trabajo al comercio global sin ninguna reposición de éstos y la sedentarización de los sectores desempleados. Una posibilidad sería focalizar recursos a programas para reubicar a obreros estadounidenses para que no se queden en zonas donde las economías locales han colapsado y no existe la oportunidad de que encuentren trabajos. Parte integral de esta propuesta sería garantizar la portabilidad de beneficios para los trabajadores al momento de cambiar de empleo y ampliar el acceso a la seguridad social.

Alemania es un país desarrollado que no ha abandonado a sus clases trabajadoras y sus programas de capacitación lo han mantenido como una potencia manufacturera de alta especialización a pesar de la competencia proveniente de China o la adhesión de los países de Europa del Este al mercado común Europeo (15% de la economía germana proviene de su sector manufacturero[14]). De acuerdo a Anke Hassel, profesor de políticas públicas en la Hertie School of Governance en Berlín, los programas de capacitación continúa han permitido a las empresas alemanas del sector manufacturero mantenerse competentes especializando a su mano de obra y adaptándola constantemente a los requerimientos de los empleadores y los mercados[15].

Las propuestas demagógicas de Trump están resonando ante estas personas que se sienten víctimas –con toda justificación- de un modelo económico que prioriza el beneficio económico de manera predatoria, sin considerar el bienestar comunitario e individual, y de la negligencia de su clase política. Pero eso es culpa del gobierno norteamericano. El comercio no puede basarse en vendettas y sus beneficios deben defenderse. Sólo no se debe abandonar a los olvidados por los mercados y el comercio global.

Fuentes

[1] “Donald Trump on Free Trade”, On the Issues, consultado el 3 de junio de 2016 http://www.ontheissues.org/2016/Donald_Trump_Free_Trade.htm

[2] Maggie Haberman, “Donald Trump Says He Favors Big Tariffs on Chinese Exports”, New York Times, 7 de enero de 2016.

[3] “Smoot–Hawley Tariff Act”, Wikipedia, consultado el 3 de junio de 2016 https://en.wikipedia.org/wiki/Smoot%E2%80%93Hawley_Tariff_Act

[4] “Trump trade plans could cause global recession: Experts, CNBC, consultado el 3 de junio de 2016 ”http://www.cnbc.com/2016/03/10/trump-trade-plans-could-cause-global-recession-experts.html

[5] Simon Lester, “Fact Checking Trump on Trade”, CATO Institute, 26 de febrero de 2016.

[6] De acuerdo a un estudio del Boston Globe dónde comparaban los discursos de los precandidatos presidenciales gringos utilizando un algoritmo llamado Flesch-Kincaid readability test, Donald Trump utiliza un lenguaje de nivel de 4° de primaria lo que denota un discurso que rehúye a la aptitud y al conocimiento.

Matt Viser, “For presidential hopefuls, simpler language resonates”, Boston Globe, 20 de octubre de 2015.

[7] Raoul Lowery, “No, Mr. Trump, Mexico is not ‘killing us on trade’”, The Hill, 13 de julio de 2015.

[8] Roberto Morales, “El TLCAN generó producción compartida”, El Economista, 30 de diciembre de 2013.

[9] La industria ha ido disminuyendo en esta región desde mediados del siglo XX debido a una variedad de factores económicos, tales como la transferencia industrial hacia el oeste de EEUU, una mayor automatización de los procesos productivos, el declive de las industrias del acero y el carbón, los tratados de libre comercio como el TLCAN o la adhesión a la OMC, la globalización y la externalización (outsourcing) de puestos de trabajo fuera de los EE.UU. Varias ciudades y pueblos que integran el Rust Belt han presenciando el aumento de la pobreza y pérdida poblacional.

[10] “Trade, at what price?”, The Economist, 2 de abril de 2016.

[11] “Free trade in America: Open argument”, The Economist, 2 de abril de 2016.

[12] En marzo de 2016 The Atlantic publicó que los segmentos que apoyaban a Trump en las primarias del Partido Republicano presentaban las siguientes características: por lo general eran hombres de bajos ingresos y sin un título universitario.

http://www.theatlantic.com/politics/archive/2016/03/who-are-donald-trumps-supporters-really/471714/  

[13] “Sizing up the Trade Adjustment Assistance program”, CNBC, consultado el 16 de junio de 2016

http://www.cnbc.com/2015/06/26/is-aid-to-trade-displaced-workers-worth-the-cost.html

[14] Michael Collins, “The Kind of Training We Need In Manufacturing”, Industry Week, 30 de abril de 2016.

[15] Yermi Brenner, “Germany: 25 years later and no looking back”, CNN, 29 de octubre de 2014.

Jalar con la mayoría

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La mayoría ofrece comodidad. No hay posición más grata que ser llevado por la inercia de las masas, mientras somos acarreados por el flujo de los que son más. Y esta idea que expongo se resume a este contenido que me topé a raíz de lo que está ocurriendo en la península de las Coreas:

 Corea_EEUU

Volvamos a la idea de las mayorías. Ser antiyanki es muy fácil, te ubica en el cobijo mayoritario y, en ciertas cosas, los gringos sí son unos ojetes. Repasemos rápidamente: como imperio que son (y cómo lo han sido todos) han sido culpables de una cantidad innumerable de muertes (en Vietnam mataron a 3 millones, en Irak 115,376 civiles entre 2003 y 2011), tienen un historial de derrocar gobiernos democráticos en base a sus intereses (pero en la actualidad esa práctica es imposible de implementar; la Primavera Árabe es un ejemplo inmediato), su reciente y nefasto intento de exportar la democracia esponsoreada por sus fuerzas armadas etcétera.

Sin embargo ese hecho no justifica en lo absoluto defender a Corea del Norte, independientemente de las cadenas de la ideología. El régimen norcoreano es el más brutal del planeta y esa realidad no puede ser ajustada a una conveniencia ideológica mezquina y reprobable. De acuerdo a Human Rights Watch, la organización civil internacional a la que todos recurrimos con absoluto fundamento en el tema de la guerra contra el crimen organizado y los derechos humanos en nuestro país, el régimen ahora encabezado por Kim Jong Un tiene entre 150 mil y 200 mil personas en 5 campos de concentración.  En estos lugares la tortura y el asesinato son realizados diariamente sin ningún proceso judicial de por medio:

Los testimonios de los refugiados norcoreanos que Human Rights Watch reunió  en el 2012 indica que las personas detenidas por cargos penales o políticos suelen enfrentarse a la tortura por parte de funcionarios con el objetivo de obtener confesiones, extraer sobornos e información y obtener obediencia. Las formas comunes de tortura incluyen la privación del sueño, palizas con barras de hierro o palos, patadas y bofetadas.

Los detenidos están sujetos a la denominada “tortura paloma”, en la que se ven obligados a cruzar sus brazos detrás de su espalda son esposados, colgados en el aire atado a un palo, y golpeados con un garrote. La violación de mujeres detractoras es una práctica común (HRW, World Report 2013).

Un infierno en la tierra: el campo Hwasong en la frontera con China

Un infierno en la tierra: el campo Hwasong en la frontera con China

Otra práctica que hoy en día parece surreal,  pero que fue muy común en los regímenes totalitarios comunistas como el de Stalin o el de los Jemeres Rojos en Camboya, es el aprisionamiento transgeneracional y colectivo:

El gobierno practica un sistema de  castigo colectivo, enviando a campos de trabajos forzados no sólo a infractores, sino también a sus padres, cónyuge, hijos e incluso nietos.

Estos campos se caracterizan por condiciones de vida terribles y abuso sistemático, incluidos grave escasez de alimentos, poca o ninguna atención médica, la falta de una vivienda digna y ropa, maltrato continuo y tortura por parte de los guardias y ejecuciones (HRW, misma fuente).

Y si por si estás lo suficientemente desquiciado(a) y delirante para ignorar lo dicho por Human Rights Watch está el caso de Shin Dong-hyuk el primer norcoreano que nació dentro de un campo de concentración y que logró escapar. En el libro Escape From Camp 14 el periodista norteamericano Blaine Harden ayuda a Shin a contar su historia, que es sólo una más de los peores crímenes contra la humanidad que se están cometiendo en este momento.

Shin nació dentro del campo y pasó sus primeros 22 años de vida ahí. Por tirar una máquina de coser le amputaron un dedo. Fue colgado del estómago por un gancho sobre una fogata ardiendo para que confesase el plan de su madre y de su hermano para escapar, lo forzaron a estar presente en la ejecución de sus familiares.

Para acabar y para cerrar con un argumento más lacerante fruto de mi indignación por el contenido que inspiró este artículo: los gringos serán ojetes y aprisionan a muchos de sus habitantes, sin embargo la brutalidad que Corea del Norte muestra hacia su población no tiene punto de comparación.

¿Jalar con la mayoría? Es mejor que se quiten de encima las pendejadas del colectivo y defender los derechos humanos, los viole la izquierda o la derecha; porque al final del día somos muy ojetes y no hay ideología que nos quite eso.

La detención de Elba

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elba-esther-gordillo-enrique-pena-nietoCae Elba y por una inercia inevitable pensamos en Joaquín Hernández Galicia La Quina, el líder petrolero encarcelado por acopio ilegal de armas y homicidio en 1989. Este razonamiento resulta lógico ya que fue un acontecimiento clave para el periodo de Carlos Salinas y se dio dentro de una de las presidencias con mayor peso en la memoria colectiva de nuestro país.

Sin embargo ese hecho fue hace tiempo, 24 años para ser exacto. En ese casi cuarto de siglo México ha cambiado profundamente: el Ejecutivo ya no es todopoderoso, existe actualmente un escrutinio civil y mediático sin precedentes en nuestra historia, el Poder Judicial –aún con enormes carencias y pendientes- ya cuenta con nichos de independencia, la oposición política al gobierno está consolidada etcétera.

Por ello comparar esta situación con la de Hernández Galicia podrá resultarnos más sencillo pero valdría la pena no buscar un ejemplo comparativo más reciente. Propongo una que ocurrió hace sólo dos años: la detención Jorge Hank Rhon. El 4 de junio de 2011 la SEDENA y la PGR detuvieron al alguna vez alcalde de Tijuana por posesión de 88 armas (40 de alto calibre) y más de nueve mil cartuchos. Sin embargo terminó siendo liberado por falta de elementos (link), lo ocurrido se olvidó rápidamente como un desliz institucional más de la administración de Felipe Calderón.

Pero esto ejemplo demuestra una verdad innegable: el Poder Ejecutivo ya no cuenta con las atribuciones ni con el control que le permitían utilizar al judicial a su conveniencia y aunque pueda detener ello no implica que la detención termine en condena. Y ese es sólo un ejemplo más en los que podrían entrar los casos del michoacanazo y el de Florence Cassez.

El punto es que ese Presidente que puede encarcelar a quién quiera sin que ningún contrapeso lo enfrente sólo existe en nuestras cabezas. En realidad lo que vemos ahora es un Ejecutivo mucho más acotado producto de un país más democrático, abierto y crítico. Eso no quiere decir que no haga falta un camino largo por recorrer, sin duda alguna falta mucho para que México tenga una democracia consolidada en plenitud.

El Poder Ejecutivo está poniendo mucho en juego con la detención de Elba Esther Gordillo y debe presentar un expediente sólido y sustentado que será sujeto de un profundo escrutinio. Un evento de esta magnitud puede fortalecer enormemente al gobierno o debilitarlo hasta dejarlo irreconocible. Buena parte de la agenda reformista tan ambiciosa que está por venir (telecomunicaciones, energía, fiscal, la ley secundaria aún pendiente en materia educativa, la lucha contra la corrupción) depende de que la detención de la Maestra sea exitosa en lo jurídico.

Interpretar lo ocurrido como un Quinazo no es dimensionar el impacto que podría tener: es un posible viraje de 180 grados a lo vivido en los últimos doce años en México. Por vez primera estamos viendo señales de un Estado que está reclamando su papel rector sobre los sectores estratégicos para el desarrollo de nuestro país. A nosotros nos toca ahora monitorearlo bien. Y sacar nuestros pensamientos del pasado.



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