*Dedicado a la persona que más padece el tráfico.
En la mayoría de las sobremesas y cafés de la Ciudad de México un tema parece haberse convertido en una rutina inagotable de la cuál no hay escape: la plática compuesta, principalmente, por mentadas de madre sobre el tráfico. Frases como “No mames hice dos horas…” y “Este pinche tráfico…” se han convertido en los prólogos que le siguen a la explicación del martirio individual en este enorme problema colectivo.
Algo que no deja de sorprenderme es la ira acompañada de resignación. Los chilangos al intercambiar ideas en la materia no encuentran forma de deshacerse de la cruz del coche, aunque transportarse por los océanos motorizados cada hora pico es su principal fuente de frustración.
Esta inacabable rutina en nuestras conversaciones no es fortuita. Con el año electoral nuestras irresponsables autoridades se han dado a la tarea de iniciar todas las obras viales posibles sin respeto alguno al bienestar de la ciudadanía (ver artículo). De pronto vemos obras masivas materializarse como por arte de magia, el periférico de sur a norte parece una zona de guerra de Medio Oriente, para empeorar la situación comenzó la construcción de un túnel subterráneo a la altura de Reforma mientras se hacen arreglos a Ejército Nacional.
Ninguno de estos proyectos pudo hacerse en el 2003 o 2005, teníamos que esperar al año electoral para llevarlos a cabo. Y ese es sólo un ejemplo de una mega metrópoli en el que cohabitan más de 20.1 millones de personas (y que la vuelve el tercer núcleo urbano más poblado del planeta sólo atrás de Tokio y Delhi).
No milito con la ira-resignación defeña, hay grandes casos de éxito que aquí se pueden implementar. Sin embargo no resulta alentador que la mayoría de estas obras privilegian el uso del coche, beneficiando a sólo 20% de las personas que usan vehículo particular para transportarse cada día por la Ciudad de México. Es, como ya se dijo en este espacio, como tratar un cáncer administrando asbesto. Pero para no caer en aquella dualidad que embarga a los habitantes de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) valdría la pena hablar de medidas sensatas y sustentables.
Veamos una medida cuya escala es insignificante en comparación con los masivos distribuidores viales pero cuyo impacto en la calidad de la vida de la ciudad es mucho más positivo y significativo. Me refiero a los parquímetros. Polanco es parte de mi rutina diaria, un lugar recurrente en el que puedo notar el más ínfimo cambio más allá de la bruma de caos causada por sus residentes y por los nómadas que ahí trabajan, duermen, comen o se embriagan (de acuerdo a Transeúnte 70% de los viajes a esta colonia son para chambear).
Esta acaudalada zona es infestada diariamente por una horda de vehículos particulares al punto de volverla inhabitable. Pero el 9 de febrero se instalaron 77 parquímetros en una zona de esta ajetreada colonia. Para abril el cambio es impactante. Las calles atestadas por automóviles ahora lucen más tranquilas, lo que permite ver las líneas blancas de los lugares recién pintados para este nuevo sistema. Eso ha tenido un efecto positivo en las banquetas, que eran ocupadas por coches dada la voracidad de la demanda por lugares de estacionamiento. Así peatones y automovilistas se han beneficiado con la medida. Y las cifras en la materia sustentan esta mejora.
30% de los viajes en vehículo particular en todo el planeta tienen como objetivo final un lugar gratuito de estacionamiento (ver artículo). De acuerdo a Transeúnte los estacionamientos de paga en la zona de Polanco alcanzan una ocupación en horas pico de 40%, lo que demuestra que cobrar por un lugar disuade la utilización del transporte privado. 25% de los coches en nuestra ciudad se quedan estacionados por siete horas o más. En Polanco la tarifa de los parquímetros es de $2 pesos por cada quince minutos con un límite de 3 horas, por lo que un horario laboral de 9 de la mañana a las 6 de la tarde pagaría $64 pesos.
Esto es con un trabajo con un horario laboral fijo y respetado, la población empleada defeña sabe que por lo general es sólo una buena intención por lo que las jornadas laborales se prolongan mucho más. El punto es que ahora resulta muy costoso traer un coche a esta colonia, en especial para esos siete de cada diez que vienen a chambear. No sorprende entonces que en menos de un mes las hordas de vehículos se desvanecieron por más infinitas que parecieran.
Aunque los parquímetros han tenido un impacto enorme no son la única panacea, requieren que la ley que sustenta el sistema se cumpla. Debe mejorarse el paisaje urbano, modernizar redes de transporte público, crear espacios para la bicicleta y procurar (al largo plazo) un desarrollo urbano más armónico entre todas las zonas que conforman la megametrópoli quimérica que es la Zona Metropolitana del Valle de México. Pero a pesar de estos pendientes la experiencia con el nuevo sistema de parquímetros demuestra que las medidas de gran escala, como los segundos pisos, pueden ser insignificantes en comparación con soluciones “menores” más inteligentes. También demuestra que el problema del tráfico se fundamenta en que los usuarios no asumen los costos reales de tener un vehículo particular. Eliminar el subsidio a la gasolina resulta muy urgente.
El coche en México no nos sale lo suficientemente caro, por lo que los costos que asumimos son altísimos. Un gran video que sirve como un gran material relacionado al artículo La cirugía reconstructiva del DF:


